PASIÓN POR LA DOCENCIA Y LA SALUD VISUAL DE LOS NIÑOS

PASIÓN POR LA DOCENCIA Y LA SALUD VISUAL DE LOS NIÑOS

 
 
 

Luz Esperanza González es sinónimo de pasión por la enseñanza y sabiduría en la atención ocular de los niños. Inició en la Optometría a sus 16 años y desde entonces ha dejado una profunda huella en el gremio y en sus pacientes. Los periodistas de Franja Visual le hacen un homenaje a una profesional que es ejemplo a seguir de práctica profesional.

Franja Visual (F.V.): Empecemos por sus inicios ¿Por qué decidió estudiar Optometría?
Luz Esperanza González (L.E.G.): por esas casualidades de la vida, mi hermana mayor iba a tener su primer hijo, prematuro de 6 meses. Me comentó que entre los riesgos que había podía nacer ciego. Yo estaba terminando bachillerato, decidí investigar al respecto y encontré una página pequeña del Dr. Gaitán, que mencionaba como era el fondo de ojo del recién nacido y desde ese momento me apasioné por el estudio de los ojos de los niños, ese fue mi comienzo en la Optometría.

F.V.: Por esta razón usted resulta involucrada con el tema del desarrollo visual en los niños prematuros. ¿Qué nos puede contar al respecto?
L.E.G.: Primero me motivó a inscribirme en el programa de Optometría de La Salle y todo me encantó desde el principio, me iba muy bien como estudiante. En quinto semestre el decano, Dr. Gabriel Merchán, dijo “Ojalá de este grupo salga la primera tesis laureada” y en ese momento le dije a mi compañera Luz Marina Tamayo va a ser la nuestra. Y empezamos a ir desde ese momento al Instituto Materno Infantil de Bogotá a conocer los niños prematuros. Y aunque teníamos solamente 18 años nos apasionamos con el tema.
En ese momento en el hospital se quería establecer el programa de madre canguro y para orgullo nuestro este programa nació siendo nosotras parte del Instituto, junto con un grupo de doctores soñadores que pusieron en alto el nombre de nuestro país a nivel mundial con este programa.
Era una realidad diferente, se tenía la tasa de natalidad de prematuros extremos más alta en Latinoamérica, muchos nacían de 5 meses, 650 gramos, hijos de niñas de hasta 12 años de edad de estrato socioeconómico muy bajo, que llegaban y abandonaban sus niños en las cestas del hospital. Tuvimos una realidad muy cruda, muchos de esos niños quedaron ciegos por retinopatía de la prematuridad y eso realmente fue un ancla de mi compromiso con la niñez y en ese momento yo dije me voy a dedicar a los niños.

F.V.: ¿Qué pasó tan pronto se graduó?
L.E.G.: Nuestra tesis de grado no solo fue laureada, también fue muy exitosa, pues recibí la invitación a exponerla en el primer Congreso Mundial de Optometría en Roma. A su vez, este fue un trampolín al mundo académico, pues con tan solo 20 años en ese momento recibí invitaciones para exponer la tesis de grado en 37 países. Así recorrí, Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Esto me dio una visión amplia del potencial de nuestra profesión, así que aprovechando los contactos logrados, decidí hacer una rotación en Optometría Pediátrica en una escuela técnica y clínicamente avanzada, el Colegio de Optometría de la Universidad de Houston. Esta experiencia abrió aún más inquietudes intelectuales en el tema, quería algo más analítico, ya llevaba más de siete años viendo niños y tenía claro que debía profundizar en el neurodesarrollo y encontré uno de los mejores investigadores en Francia el Dr, Vital Durand y me fui para Lyon y allí encontré lo que estaba buscando, el neurodesarollo de los 10 primeros meses de vida y entendí el papel protagónico que jugamos como optómetras pediatras en la implementación de medidas diagnosticas terapéuticas oportunas en ese primer año de vida.

 

F.V.: Se graduó, inició sus viajes, se capacitó en su especialidad, y ¿qué pasaba con el ejercicio de su carrera?
L.E.G.: Al terminar la universidad tuve el privilegio de trabajar 5 años al lado de un gran oftalmólogo, José Ignacio Cortes, quien terminó mi formación. Paralelo a esto me formé en lentes de contacto en Ital Lent durante un año, todas las mañanas. Y decidí ser independiente desde el inicio, también abrí un consultorio en el que atendía cuatro horas, tres veces por semana y los sábados todo el día. Desde niña aprendí a ser muy productiva, por eso pude multiplicar mi tiempo sin problema.

F.V.: El nombre neuroplasticidad, hoy recobra gran importancia. Cuéntenos del tema.
L.E.G.: Es maravilloso que el mundo de la oftalmología se haya volcado a estudiar la neuroplasticidad por muchos años, con mucho respeto puedo decir que fue la optometría la encargada de concientizar a toda la comunidad médica que era importante ver a los niños antes de los dos años de edad, porque llegaban a examen a los 4 años cuando ese periodo de neuroplasticidad era extremadamente restringido. Tengo hoy claro y sigo afirmando que los 10 primeros meses son la gran ventana de oportunidad, donde nosotros tenemos que incursionar. Pero hoy después de 36 años de ejercicio puede decir que la plasticidad cerebral es un mundo por descubrir.

 

 

F.V.: ¿Qué viene para la Dr. Luz Esperanza González en el futuro?
L.E.G.: Yo he sido una constante defensora de que el conocimiento no es privativo de nadie, me encanta enseñar, me encanta compartir lo que la experiencia me ha permitido adquirir en conocimientos. Actualmente estoy escribiendo un libro al lado de un gran maestro de la oftalmología el Dr. Zoilo Cuellar, espero que para mediados de este año este en edición y pienso que va a ser uno de los grandes aportes que siempre he querido dar a la Optometría Pediátrica. Seguiré enseñando y recibiré con los brazos abiertos a quien tenga como propósito servir a los niños y a la población más vulnerable.


F.V.:
Y ¿qué pasa con la vida personal de la Dra. González?
L.E.G.: Nací en un hogar muy lindo y tengo un hogar similar. Mi padre, militar de la fuerza aérea murió cuando tenía 40 años, así que mi madre terminó nuestra formación, ella es un referente muy grande, hoy tiene 94 años y es una mujer firme, siempre nos inculcó valores y principios que marcaron mi vida. A los 29 años me casé tuve 2 hijos, Juan Manuel es director y productor de cine y Ángela María es psicóloga y antropóloga de la Universidad de los Andes.

 

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